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Nota: Publicamos todos los mensajes que no ofienden el cuerpo de Cristo y que no exalten el hombre. La doctrina y creencias de estos mensajes son del autor(a). --------------------------------------------------------------------------- (jfcampos@agentedecambio.com) La Restauración por Jesucristo Juan Fernando Campos La ofensa que había hecho Adán y Eva tenía un transfundo mucho mayor que el hecho de haber probado un fruto. Habían quebrantado abiertamente una indicación de Dios. Habían mostrado ser desobedientes y eso era algo que Dios no podía pasar por alto. La misma naturaleza de Santidad de Dios no podía permitir que se ensuciara con la desobediencia del pecado. La relación de intimidad que Dios deseaba tener con el hombre había sido rota. ROMANOS 5:19 por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores El pecado de Adán nos trasladó a todos a una condición inevitable de pecadores. El pecado estaba en poder de nuestras vidas gobernándonos sin misericordia y compasión. El único objetivo que ahora podíamos cumplir era el de vivir presos bajo las órdenes del pecado. La mentira, la traición, el rencor, odio, infidelidades y cualquier tipo de actitud pecaminoso se había convertido en parte del estilo de vida establecido en la humanidad. Por más que nosotros pudiéramos esforzarnos por ser fieles y confiables a Dios, era imposible. Nuestra naturaleza había adoptado el estado de pecado en el cual debíamos seguir el instinto natural de desobediencia a la voluntad de Dios. Dado el profundo deseo de Dios por tener relación con el ser humano no se pudo resistir a ver una relación rota por el pecado. Es allí donde surge la figura de Jesús como la encarnación de Dios con el objetivo de restaurar la relación trazado desde el principio para la relación con el ser humano y además recuperar la identidad que se había perdido a causa del pecado. ROMANOS 5:19 así también por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos. La libertad que en el huerto del Edén había sido perdida, podría ser recuperada. Pero tenía un precio. Un precio demasiado alto para que cualquier ser humano pudiera pagarlo. Un precio que debía ser pagado en moneda de sangre perfecta, sin mancha, sin culpa ni pecado. Un precio que sólo Dios podía pagar, pues en Él recaían todas las virtudes y condiciones necesarias para que el pago fuera aceptable. Pero el amor era mayor que el sufrimiento que se podría experimentar, así que estuvo dispuesto a pagar el precio fijado. 1 CORINTIOS 15:21 Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Durante mucho tiempo como cristianos, redimidos por la sangre de Cristo hemos limitado el sacrificio hecho por Jesús a la salvación de nuestra almas a fin de llevarnos a disfrutar de la Gloria celestial. Pero observe que indico que eso es limitar el propósito general que Dios tuvo al enviar a su Hijo a sufrir tantos padecimientos. Dios tenía planeado algo mucho más completo que el hecho de visarnos una entrada al cielo: deseaba que pudiéramos recuperar todo lo perdido en el cautiverio del pecado. Para Dios es tan importante el hecho de nuestro futuro gozando de la Gloria celestial, como nuestro presente disfrutando de nuestra vida en su presencia de forma constante. Jesús vino a marcar total diferencia en el propósito que el diablo había estado ejecutando desde la caída del ser humano en desobediencia. JUAN 10:10 El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. El diablo había robado la capacidad del hombre de serle fiel a Dios, Jesús vino a entregarnos nuevamente la libertad de poder escoger a quién servimos. El diablo había matado la relación con Dios, Jesús por medio de su sacrificio logró resucitar esa relación y darnos una nueva dimensión en la cual podemos disfrutar de la presencia de Dios en todo tiempo y lugar. El diablo había destruido la imagen personal que cada ser humano tenía sobre sí mismo, haciendo que nos identificáramos como seres viles, pecadores y alejados de la voluntad de Dios; mientras que Jesús vino a reedificar en nuestro interior la identidad real que desea llevemos a la práctica: de personas justificadas, libres, llenas de Su Espíritu para el cumplimiento de toda buena obra que nos han encomendado. Vernos y vivir como esclavos del pecado es demeritar el sacrificio realizado por Jesús en la cruz. Es no darle la dimensión correcta a la obra redentora realizada por Él. Pero cuando comenzamos a vernos a la luz que nos brinda la pureza recibida por la sangre de Jesús derramada sobre nuestras vidas podemos entonces alejarnos voluntariamente del pecado, desarrollar el potencial puesto en nuestras vidas y llegar a ser las personas que Dios desea que seamos. Afirmar nuestra identidad, lo que realmente somos, se sustenta en la obra restauradora hecha por Jesús en la cruz del calvario y en la tumba vacía que dejó como evidencia de su victoria sobre la muerte del pecado. 1 CORINTIOS 15:10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí. Si usted ha pasado su vida considerándose una persona que necesariamente debe recurrir a prácticas o hábitos pecaminosos, déjeme decirle que en la cruz del calvario usted podrá encontrar la solución a esta vida atada al pecado. Es allí donde puede encontrar la verdadera libertad. Es allí donde usted podrá hacer un nuevo comienzo en su vida y empezar a disfrutar el presente en toda la magnitud de la realización del plan destinado para su vida. Pecar ya no es una obligación, es una opción que tenemos delante de nosotros y que en la libertad adquirida por Jesús podemos rechazar. DEU 30:19 Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, Ahora está delante nuestro la opción de vida. Es un derecho gratis que se nos ha otorgado el recobrar no el buen concepto que deseamos tener de nosotros, sino la real identidad que Dios desea que asumamos para que vivamos como dignos hijos suyos. Mensajes
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La Restauracion por Jesucristo
Juan Fernando Campos
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