SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR

SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR

Y enamorado de mí un Dios verdadero, El que por mí en sufrir, fue en madero, El que por amor, me hizo entender Los interrogantes del destino, La lógica de las dudas, El conocimiento de la paz, Las razones de mi desobediencia. Y es que me siento amado, Atraído por la realidad, De un creador con nombre, Que como padre al proteger, me embauca, Con sostén me dirige, En el día y en la noche, Y entre el sueño, mis sueños, Por su sentido conducidos. Y es que ese día, Tendré sobre los ojos los colores de las rosas, Ese día querré responder…
A. Martínez de Ubeda